Nuestro Padre Sol, nuestro Astro Rey ha quedado relegado y se siente abandonado.

Hubo un tiempo, mucho tiempo atrás, en que los humanos le adoraban como si de un dios se tratase. No, nuestro Sol no es Dios.

Luego llegó el “conocimiento”, seguimos comiendo del árbol del supuesto conocimiento confundiéndonos cada día más.

Entonces decidimos que nuestro Sol, nuestro hermoso, poderoso y amoroso Sol, no era “más que un astro”.

Otra estrella más en el firmamento. Una inmensa bola de fuego que nos da calor cada día, como si de una simple hoguera se tratase.

No sabemos nada. Las etiquetas encasillan, no sólo a las personas, sino a todo lo que existe.

Un día, los humanos éramos más sensitivos, sabíamos escuchar nuestra voz interior, sabíamos conectar con la esencia de las cosas y percibíamos la fuerza e importancia del Sol en nuestras vidas.

Aun así, quisimos ponerle etiquetas y le dimos la etiqueta de dios. Confundiéndonos desde ese momento.

Pero en aquel entonces, en el que aún escuchábamos nuestro instinto, sabíamos que el Sol es vital para nosotros, tremendamente importante, imprescindible para nuestra vida en este planeta. Y además sabíamos que no sólo se trata de una bola de fuego inmensa que envía luz y calor a nuestro planeta.

Hay mucho más detrás.

En esta hermosa meditación conectas con la esencia del Sol, sientes que hay algo más que una hoguera gigantesca en el firmamento. Son muchas fuerzas las que envía nuestro Sol.

No merece ser relegado y olvidado.

La vida es un continuo intercambio, estamos recibiendo de él, no hemos recibido un ápice más cuando le considerábamos un dios y no estamos recibiendo un ápice menos cuando le hemos olvidado.

Pero es hora de devolver una parte de lo recibido por toda la humanidad.

Esta Meditación  Solar está llena de Amor, Gratitud y conexión con fuerzas naturales a menudo olvidadas. Desde la sencillez que implica la vida.

Te invito a dejar tu mente a un lado por unos minutos y sentir a nuestro Astro Rey en toda su “divinidad”.

Sí, “divinidad” entre comillas, pues me refiero a toda su fuerza y esplendor y con esto no me refiero a rayos pegando fuertemente sobre tu piel. Sino a la fuerza y esplendor que emana de la fuerza vital que nos transmite.

Cada día de nuestra existencia terrenal.

Gracias amado Sol por el alimento vital que nos ofreces cada día. Gracias amado Sol, por la inspiración de esta meditación con la que podemos sentirte de otra manera, conocerte desde otro ángulo y devolverte parte de todo lo recibido de ti. Aunque sólo podamos devolverte una parte muy pequeña, pues somos humanos y nuestro paso es transitorio mientras tú, tú permaneces para todas las generaciones que han habitado y habitarán este planeta.

Gracias, Gracias, Gracias.

Con cariño. Lourdes.

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